Especialistas explican que, tras abrir los ojos, el cerebro no pasa inmediatamente al “modo activo”. Ese proceso se conoce como inercia del sueño y puede durar alrededor de 20 a 30 minutos, período en el que es normal sentirse lento, desorientado o con menor capacidad de concentración.
Durante ese lapso, el cuerpo todavía está saliendo del estado de descanso profundo y reorganizando sus funciones cognitivas. Por eso, actividades que requieren atención o toma de decisiones suelen rendir peor apenas uno se despierta.
Respecto al café, los estudios indican que la cafeína no actúa de manera inmediata: su efecto comienza entre 30 y 60 minutos después de consumirla, por lo que acompaña el proceso natural de activación, pero no lo acelera de forma instantánea.
