
Con el paso de los años, el cuerpo pierde capacidad para detectar la sed, lo que aumenta el riesgo de deshidratación incluso sin sentir necesidad de tomar líquidos. Esta situación puede afectar la memoria, la concentración y el equilibrio.
Los expertos explican que una hidratación adecuada ayuda a prevenir fatiga, dolores de cabeza, problemas urinarios y deterioro cognitivo, además de favorecer el funcionamiento del corazón y los músculos.
También recomiendan incorporar hábitos simples como llevar una botella cerca, tomar agua aunque no haya sed y sumar frutas o alimentos ricos en líquidos para mantener una hidratación constante durante todo el día.