
Martinazzo integró la Selección Argentina que se consagró campeona del mundo en 1984, uno de los logros más importantes del hockey argentino. Su trayectoria lo convirtió en una verdadera leyenda del deporte sanjuanino.
Además de su exitosa carrera como jugador, se desempeñó como entrenador y formador de nuevas generaciones. Su compromiso con el hockey trascendió las pistas y marcó a todos quienes compartieron con él.
En marzo de este año había fallecido su hermano Carlos, también vinculado al hockey. El mundo del deporte sanjuanino despide a una de sus figuras más queridas y respetadas.