
Expertos coinciden en que la constancia en las primeras semanas resulta determinante para crear el hábito. Las rutinas progresivas, que aumentan gradualmente la intensidad y complejidad, favorecen la adherencia y reducen el riesgo de abandono temprano.
La clave está en establecer una frecuencia sostenible desde el inicio, sin exigencias extremas que puedan generar frustración o agotamiento. Los especialistas recomiendan comenzar con objetivos realistas y aumentar progresivamente la carga de trabajo.
Mantener la regularidad durante el primer mes genera cambios neurológicos y fisiológicos que facilitan la incorporación del ejercicio como parte de la rutina diaria. Esta ventana temporal resulta decisiva para transformar la actividad física en un hábito sostenible en el tiempo.