En medio de la crisis económica, cada vez más sanjuaninos evalúan manejar en aplicaciones de transporte como una alternativa rápida para generar ingresos. La posibilidad de elegir horarios y cobrar dinero día a día resulta atractiva frente a salarios formales que pierden contra la inflación. Sin embargo, cuando la actividad se analiza con números concretos, la rentabilidad real empieza a mostrar zonas grises.
Con valores promedio de 2026, un conductor que trabaja ocho horas diarias, de lunes a sábado, puede facturar cerca de 50 mil pesos por jornada en horarios normales. Esa cifra implica alrededor de 1,3 millones de pesos mensuales brutos, un monto que a primera vista parece competitivo dentro del contexto económico actual de la provincia.
El primer recorte llega con la comisión de la plataforma, cercana al 25%. Luego aparecen los gastos inevitables: combustible, seguro, mantenimiento mecánico, cubiertas, service, patente e impuestos. Tras descontar esos costos operativos, el ingreso disponible puede reducirse a poco más de la mitad de lo facturado, lo que cambia de forma significativa la percepción inicial del negocio.
El factor decisivo surge al sumar la amortización del vehículo, es decir, el dinero necesario para reemplazar el auto por el desgaste del uso intensivo. Si se proyecta una reposición cada dos años, la ganancia real mensual puede caer a niveles muy bajos e incluso acercarse a cero en escenarios promedio. Este punto explica por qué muchos conductores sienten que trabajan muchas horas pero el dinero no rinde.
Aun así, la actividad puede resultar conveniente en casos puntuales: cuando el auto ya está pago, se trabajan más de diez horas diarias, se aprovechan horarios nocturnos o de alta demanda, o se combinan varias aplicaciones para reducir tiempos muertos. En esas condiciones, el margen mejora y puede transformarse en un ingreso complementario útil, aunque difícilmente estable en el tiempo.
Así, manejar para plataformas en San Juan aparece más como una estrategia transitoria para generar efectivo que como una solución laboral sostenida. La diferencia entre “parecer rentable” y “ser realmente rentable” termina marcada por un costo silencioso, pero determinante: el desgaste del propio vehículo.
