En los últimos años comenzó a consolidarse en San Juan un fenómeno poco visible hasta ahora: el aumento de hombres dedicados al trabajo sexual, impulsado en gran parte por la crisis económica y la búsqueda de ingresos alternativos. Según relevamientos de la organización AMMAR, actualmente se contabilizan alrededor de 70 trabajadores sexuales masculinos en la provincia.
Aunque la cifra sigue siendo menor en comparación con la cantidad de mujeres dentro de la actividad, el crecimiento resulta llamativo en un sector históricamente dominado por trabajadoras femeninas. Además, desde la organización advierten que también aumentó la demanda, incluso por parte de mujeres: estiman que tres de cada diez sanjuaninas prefieren pagar por el servicio antes que buscar un amante.
El perfil más buscado suele ser el de hombres jóvenes, atléticos y discretos, y los contactos se concretan principalmente a través de plataformas digitales, ya que este mercado se maneja con mayor reserva debido a los tabúes sociales vinculados a las mujeres que pagan por sexo.
La oferta incluye servicios variados —desde acompañantes, masajes o propuestas virtuales hasta prácticas fetichistas— con tarifas que pueden alcanzar los $200.000 por un servicio completo, lo que convierte al segmento en un nicho considerado rentable dentro del rubro.