Dormir poco no solo genera cansancio: puede tener consecuencias graves para el cerebro a largo plazo. Una investigación publicada en Nature Communications y liderada por la Université de Paris y el University College London siguió a casi 8.000 adultos británicos durante 25 años y concluyó que quienes duermen seis horas o menos de manera crónica tienen un 30% más de riesgo de desarrollar demencia.
El mecanismo detrás de esta asociación tiene que ver con el sistema glinfático, una red de limpieza cerebral que se activa durante el sueño profundo. Este sistema elimina proteínas tóxicas como la beta-amiloide y la tau, vinculadas al desarrollo del Alzheimer. Sin descanso suficiente, esos desechos se acumulan y dañan el tejido cerebral con el tiempo.
Los datos del estudio son contundentes: a los 50 años, quienes dormían poco mostraron un 22% más de riesgo de demencia; a los 60 años, ese porcentaje trepó al 37%. La asociación se mantuvo incluso tras descartar enfermedades previas, hábitos de vida y factores mentales o cardiovasculares.
Frente a este panorama, los especialistas recomiendan apuntar a una higiene del sueño sólida: mantener horarios regulares, evitar cafeína después de las 17, reducir pantallas por la noche y no automedicarse para dormir. Pequeños cambios en la mediana edad podrían marcar una gran diferencia en la salud cerebral futura.
