
La principal causa de esta retracción es la caída del poder adquisitivo de los argentinos, que continúa limitando la capacidad de compra de las familias. El deterioro salarial frente a la inflación sigue siendo el factor determinante en el desplome del consumo.
Otro elemento clave es la menor utilización del crédito por parte de los consumidores. Las restricciones crediticias y las altas tasas de interés desalientan el financiamiento de compras, lo que profundiza la tendencia a la baja en todos los canales comerciales.
Los datos oficiales confirman que el primer semestre del año cerró en rojo para el comercio minorista y mayorista. La recuperación del consumo interno sigue sin mostrar señales concretas en un contexto económico adverso para el sector.