
Por coincidir con esa celebración cristiana, comenzaron a llamarla “El Niño”, en alusión al Niño Jesús. En aquella época, el nombre describía principalmente una corriente marina que modificaba las condiciones de pesca. Con el avance de las investigaciones científicas, el término pasó a utilizarse para identificar un fenómeno de mayor alcance, vinculado con el calentamiento anormal de las aguas del océano Pacífico ecuatorial.
Qué es el fenómeno El Niño
El Niño forma parte del sistema conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que comprende distintas fases relacionadas con las temperaturas del océano Pacífico y los cambios en la circulación atmosférica.
El fenómeno se desarrolla cuando las aguas superficiales del Pacífico tropical central y oriental registran temperaturas superiores a las habituales durante un período sostenido. Este calentamiento modifica los vientos y la distribución de las precipitaciones, con consecuencias que pueden sentirse en diferentes partes del mundo.
Sus efectos no son iguales en todos los territorios. Algunas regiones pueden experimentar lluvias intensas e inundaciones, mientras que otras pueden atravesar períodos de sequía o temperaturas superiores a las normales. La intensidad y la época del año también influyen en el impacto de cada episodio.
La diferencia entre El Niño y La Niña
La fase opuesta recibe el nombre de La Niña y se caracteriza por temperaturas más bajas de lo habitual en sectores del Pacífico ecuatorial. Entre ambos episodios también pueden presentarse condiciones neutrales, cuando las temperaturas del océano se mantienen cerca de sus valores promedio.
Estos cambios se producen de manera irregular, generalmente en intervalos de entre dos y siete años, y son monitoreados por organismos meteorológicos internacionales para anticipar posibles impactos.
Por qué vuelve a hablarse de El Niño en 2026
El interés actual está relacionado con el fortalecimiento del fenómeno y las proyecciones para los próximos meses. La Organización Meteorológica Mundial informó sobre la evolución de las condiciones oceánicas y sus posibles consecuencias para las temperaturas y las precipitaciones a escala global.
En Argentina, El Niño suele asociarse con una mayor frecuencia de lluvias en algunas regiones y con cambios en las condiciones de nieve en sectores cordilleranos. Sin embargo, sus efectos varían según la zona y no permiten anticipar por sí solos un evento extremo en un lugar determinado.
En San Juan, especialistas locales también han advertido que la intensidad del fenómeno no garantiza un comportamiento climático uniforme. Por eso, los pronósticos regionales y el seguimiento de las condiciones meteorológicas resultan fundamentales para evaluar los riesgos.
Así, un nombre que nació de la observación cotidiana de los pescadores peruanos terminó convirtiéndose en una de las denominaciones más conocidas de la ciencia climática, ligada a un fenómeno natural que influye en el tiempo y las condiciones ambientales de numerosas regiones del planeta.